jueves, 14 de diciembre de 2017

Prevención del suicidio


El suicidio no es sólo la consecuencia de problemas mentales concretos, sino que se asocia a distintos factores globales de riesgo que afectan a un gran número de personas. En este artículo analizaremos los factores más relevantes en el suicidio y en su prevención, así como los métodos de intervención psicológica más habituales en estos casos.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (2014), cada año se suicidan más de 800 mil personas en el mundo; se trata de la décima causa de muerte a nivel mundial. Si sumamos también los intentos no consumados el número se multiplica por diez, aproximadamente, y mucha gente tiene pensamientos suicidas recurrentes que no llega a ejecutar.
Los métodos de suicidio más habituales varían en función del lugar, pero suelen incluir la asfixia, el envenenamiento y, en lugares donde es fácil acceder a estas, el uso de armas de fuego. Existe un mayor riesgo de suicidio en personas con más de 70 años y en las que se encuentran entre los 15 y los 30; en este último caso los países más ricos son una excepción.

La concepción del suicidio como un tabú y un delito, que está presente en la mayoría de culturas, ha dificultado históricamente la comunicación humana en torno a este tema y su naturalización, y en consecuencia también la prevención de este fenómeno. Incluso en el ámbito de la psicología clínica es un asunto delicado por la frecuencia de las denuncias a profesionales.

Es importante tener en cuenta que el suicidio no es simplemente un problema mental que surge en determinadas personas, sino que existen muchas variables que afectan a toda la población general o a algunos grupos y que incrementan el riesgo de suicidio, como el estrés psicosocial y la falta de recursos económicos.

Algunos de los factores de riesgo más claramente asociados al suicidio, según la literatura científica disponible, son los siguientes:
  • Eventos vitales estresantes, como muerte del cónyuge, dificultades económicas graves o bullying (en niños)
  • Depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, estrés postraumático, TOC y otros problemas psicológicos que comportan desesperanza
  • Estigmatización social de las alteraciones mentales, en especial de la rumiación suicida
  • Ideación suicida y referencias a la posibilidad de suicidarse
  • Abuso y dependencia de alcohol, benzodiazepinas, heroína y otras sustancias depresoras del sistema nervioso central
  • Historia personal o familiar de intentos de suicidio
  • Acceso a armas de fuego, veneno u otros instrumentos mortales
  • Traumatismos craneoencefálicos y otras lesiones cerebrales
El enfoque tradicional en la prevención del suicidio ha consistido en estudiar los factores de riesgo por tal de modificarlos en las personas en quienes se detecten ideas de este tipo. No obstante, no está muy claro que esta aproximación resulte eficaz; en este sentido, lo más probable es que las medidas necesarias radiquen a un nivel más profundo de la sociedad.

La OMS recomienda a todos los estados del mundo la adopción de una serie de medidas para la prevención del suicidio, que son relevantes también desde un punto de vista práctico por el elevado coste público que puede suponer la atención sanitaria. Al final de este artículo podéis encontrar la referencia a este texto.

Esta organización recomienda también estrategias como la hospitalización de emergencia para personas en alto riesgo de suicidio, el tratamiento de los problemas subyacentes a la ideación suicida, la participación en grupos de apoyo y la práctica de actividades psicológicamente beneficiosas, como el ejercicio físico y la meditación.

Por otro lado es importante mencionar cuáles son los factores que protegen del suicidio. A modo general podemos destacar los siguientes:
  • Presencia de una red sólida de apoyo social y familiar
  • Participación activa en la comunidad o en la sociedad
  • Acceso a servicios terapéuticos y de índole psicosocial
  • Buenas habilidades interpersonales y de resolución de problemas
  • Alto grado de autocontrol y de expectativas de autoeficacia
  • Manejo adecuado de los eventos vitales estresantes
  • Tratamiento de las alteraciones psicológicas subyacentes
  • Creencias y valores que favorecen la búsqueda de apoyo o rechazan el suicidio
Entre todos los programas de intervención psicológica, el que más destaca por su eficacia para prevenir el suicidio es el que desarrolló Marsha Linehan para el trastorno límite de la personalidad. La investigación revela una reducción de los intentos de suicidio y de las hospitalización en las personas tratadas con este método.

Aproximadamente la mitad de las personas que se suicidan cumplen los criterios del trastorno depresivo mayor. En este sentido la terapia cognitiva y la terapia de activación conductual, que se deriva de la anterior, se han mostrado útiles para disminuir la ideación suicida y el resto de síntomas depresivos.

Desde el ámbito de la psicología de la salud, principalmente en colaboración con entidades públicas, en ocasiones se promueven tareas de cariz psicoeducativo y de apoyo emocional o social, y también se administran algunos tests de cribado en poblaciones de riesgo, como los adolescentes. No obstante este tipo de intervenciones son bastante escasas en muchos lugares.

De modo más general, es importante tener en cuenta que el suicidio se asocia sobre todo a una baja calidad de vida. Cualquier medida política que mejore la satisfacción y el bienestar de las personas de un lugar disminuirá su riesgo de suicidio, como la mejora del acceso a servicios sanitarios o el aumento de los salarios medios.

Referencias bibliográficas:
  • Linehan, M. M., Rizvi, S. L., Shaw-Welch, S. & Page, B. (2000). Psychiatric aspects of suicidal behaviour: personality disorders. En Hawton, K. & Van Heeringen, K. (Eds.), “International Handbook of Suicide and Attempted Suicide”. Sussex, Reino Unido: John Wiley & Sons.
  • Organización Mundial de la Salud (2014). Prevención del suicidio: un imperativo global. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.
FUENTE: Alex Figueroba / Psicología y Mente